Colombia es un país especializado en romper
la honra de la gente y en culpar de delitos que no han cometido a inocentes. No
es de extrañar, es el país de los “falsos positivos”, de inocentes que purgan
años de cárcel sin culpa alguna, como Jíbiz Hasbun el “asesino” de Galán, y de las
cortes con tarifas multimillonarias para resolver pleitos a favor de quien
tenga plata para pagar magistrados, como estamos viendo en estos días.
El caso del nadador Omar Andrés Pinzón es
uno más, con el agravante del silencio que pesa sobre su historia por parte de
la prensa. Pinzón, el mejor nadador que ha tenido Colombia, fue acusado
injustamente de consumo de cocaína y metilecgonina, sancionado por dos años sin
competición y despojado de las medallas adquiridas en 2012, durante los Juegos
Nacionales de Cali.
Para probar su inocencia el nadador decidió
apelar ante el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS por su sigla en francés),
máxima autoridad para dirimir las controversias de deportistas. Tras varios
meses de estudios, de analizar los resultados y de someter incluso al nadador a
una prueba de polígrafo, el comité disciplinario de ese organismo determinó en
abril del año pasado que todo se trataba de un grave error y le levantó la
sanción.
Para ese tribunal internacional de deporte
quedó totalmente claro que el laboratorio de Coldeportes violó la cadena de
custodia a la que se deben someter las pruebas, que fueron tomadas por personal
no autorizado y que se enviaron de manera inadecuada de Cali a Bogotá y dijo
que o fue “error de laboratorio, una manipulación de la muestra o una adulteración de la misma”.
Ahora Pinzón reclama a Coldeportes una
indemnización millonaria y que reconozca su error y pida perdón, públicamente,
por el daño que le hizo a su buen nombre, a su honra y a su carrera
profesional.
Coldeportes ha respondido que la decisión
del TAS no es vinculante para Colombia, que en el fondo se trata de una
discusión científica, y que por tratarse de un tema disciplinario de la
Federación de Natación no tiene ninguna responsabilidad en lo ocurrido.
Y el asunto, claro, como no se trata de las
caderas de Shakira, del meñique de James Rodríguez o del ligamento anterior
cruzado de Radamel Falcao no ha merecido la repercusión que debería en la
prensa colombiana.
Así paga este país a un muchacho que viene
esforzándose desde que tenía tres años en ser un deportista ejemplar, en una
sociedad necesitada de gente con méritos como los de Pinzón en los que debería
mirarse su juventud y no en el mundo de narcos y de paraísos de tetas de las
telenovelas de consumo diario en nuestra televisión.
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