viernes, 7 de diciembre de 2012

Un vuelo inolvidable


Se queja Fernán Martínez en estos días en Twitter del horrible vuelo desde Europa a Colombia que ha tenido que vivir por cuenta de dos niños hiperactivos, mientras su madre dormía plácidamente. Le reproduzco a continuación la crónica del vuelo inolvidable vivido por un amigo y que publiqué hace meses en este blog.

"Cada vez que generalizo me acuerdo inevitablemente de un amigo que detesta las generalizaciones. Pero es inevitable, no puedo sustraerme a comparar la experiencia del vuelo directo de Avianca a Medellín con otros que acabo de realizar hace apenas unas semanas al otro lado del mundo y que me llevaron a lugares tan dispares como Bangkok, Taipei, Hong Kong, Pekín y Madrid. ¿Por qué en ninguno de estos vuelos recientes viví una experiencia semejante a esta de volar directamente entre Madrid y Medellín? Pongo por delante que lo repetiré porque resulta muy cómodo estar en casa el mismo día que has salido de España sin trasbordos, cambios de aeropuerto y demás. Pero qué horror, qué cantidad de argumentos para reflexionar sobre el por qué esta sociedad nuestra es como es. Sé que a lo mejor ustedes no van a estar de acuerdo conmigo, pensarán que exagero, que no será para tanto, que es que sólo a mí me pasan unas cosas… Pero les juro que es rigurosamente cierto y que a lo mejor todo tiene una explicación, que no justificación.

Para abrir boca leo la prensa en la sala de embarque en Madrid y me desayuno con la noticia del colombiano que mató y enterró a su ex novia a las afueras de aquella ciudad y paso a la otra que habla de la abogada que contrató a un sicario, compatriota nuestro, para que le “diera un susto” a su ex marido y al profesional del gatillo se le fue la mano. A mi lado unas mujeres jóvenes pero tan entradas en carnes que podrían ser las madres de ellas mismas, comen donuts que van sacando de una caja hasta agotar existencias. Sobre sus abultadas pechugas van cayendo las migas al tiempo que descubren en su conversación el motivo y circunstancias del viaje: están en paro, han comprado sólo vuelo de ida y aprovechan para quedarse hasta después de Navidad. Esta conversación la oímos a otros viajeros, también hay gente que lleva cinco años sin volver a la patria. Como la familia que va detrás de nosotros -mi mujer y yo- compuesta por el padre, la madre, dos niños pequeños y uno de diez años que estuvo dándole patadas a la silla durante las diez horas de vuelo. Cuando les llamamos la atención, el padre --un hombre que no sé por qué me recordó mucho a Popeye, el lugarteniente de Pablo Escobar—nos dijo que nos aguatáramos porque el niño sólo estaba jugando.

Ahora viene la generalización anunciada al comienzo: era todo chusma…, o lo parecía. Cuando el avión, después de sobrevolar el impresionante paisaje antioqueño, tocó tierra, una ovación atronadora apagó el ruido de los motores. Se oyó un sonoro “hijuputa” en señal de alegría y otras manifestaciones propias de la “mentalidad tuguriana” como dice un amigo común. Uno de los parados que regresaba a celebrar la Navidad y caer en coma etílico cuanto antes se caló un sombrero llanero y, como iba vestido de paramilitar, parecía recién salido de una telenovela de RCN. Una maciza con media docena de operaciones en el cuerpo y que llevaba de la mano al hijo de nadie, parecía no haber triunfado demasiado con sus carnes entre los varones españoles y venía a probar suerte con los paisanos. Todo el pasaje de aquel vuelo infame era así más o menos. Nunca, por otra parte, he visto un avión quedar en condiciones tan lamentables como el vuelo 017 de Avianca al finalizar su travesía sobre el Atlántico. Era el paisaje mismo después de una batalla, había hasta pañales de bebé con su correspondiente recuerdo; no saben estas madres tugurianas que los baños de estas modernas naves están dotados de facilidades para que, una vez que el niño haya obrado, se deposite el pañal sin molestar al vecindario. Les da igual, de todas formas una hermanita del aliviado tuvo a bien pregonarlo en voz alta al pasaje a la altura del golfo de Maracaibo: ¡mamá, John Freddy se cagó!”. Después de aquel anuncio, la azafata, que tendría dos años menos que mi madre, nos trajo un tentempié.

Llegamos. Además del pasaporte hubo que presentar la cédula, esa cartulina que encanta a los colombianos, y cómo no, identificarse, además, con la huella digital. En la cola, mientras esperábamos para ser reseñados por el DAS (siempre he pensado que uno llega del exterior a un aeropuerto colombiano y sale a la calle en libertad condicional), un descamisado preguntó por el teléfono móvil a su interlocutor cómo estaban los aguacates. Cuando traspasamos la puerta para ir a la calle, una multitud alborotada daba la bienvenida al ganado que desembarcaba del AV 017 con globos de colores, confeti, pancartas y gritos histéricos. Lo había olvidado: hace dos meses en Colombia es Navidad. En el vuelo no venía ningún español, sólo una pareja de jóvenes italianos, guapos ambos y muy bien vestidos. Iban para Bogotá e Iberia los embarcó a última hora en ese vuelo. Estuvieron callados casi todo el tiempo, apenas se movieron de sus puestos. Cuando los dejé allí sentaditos tan modosos y bien puestos, algo acoquinados por el espectáculo, sentí vergüenza por ellos. Pero pensé lo de siempre, “estos pobres no saben que esto es lo que da la tierrita.”'

martes, 20 de noviembre de 2012


JUEVES, 26 DE ABRIL DE 2012


Lo dijimos aquí el jueves 26 de abril de 2012:



Amenaza sobre San Andrés



Colombia es un país que pierde territorio desde 1810, cosa que no parace importarle a su clase política, y ahora estamos ad portas de un nuevo expolio. Produce indignación la frivolidad con que la canciller Maria Angela Holguín afronta el asunto.

Se ve venir hace años la tragedia que supone para San Andrés pasar a manos de Nicaragua –todas o parte de las islas- por la desidia de los gobernantes, y parece claro la humillación que supondrá para los colombianos esta nueva pérdida de territorio.

Cuando Estados Unidos arrebató Panamá a Colombia, el presidente Sanclemente declaró orgulloso que a él le habían entregado un país y devolvió dos. Siguiendo esa política liviana y traidora la señora canciller declaró que la Corte Internacional suele dejar satisfechas a todas las partes litigantes de donde se deduce que espera que Nicaragua tenga territorio colombiano y no le importa.

Entre otras lecturas esta actitud tiene mucho que ver con el poco o nulo interés que han tenido siempre los políticos en el altiplano de Bogotá por el litoral, el mar y las islas. Y mientras la Cancilleria siga siendo una pasarela los intereses del país en el exterior seguirán en manos de las Noemies, las Maria Emmas, las Conchis y las Maria Angelas y la amenaza permanecerá.

Y para más inri a esta joya de la diplomacia que es la actual canciller lleva candidatizandola hace días a la presidencia del país, un cursi que habla todas las mañanas en un programa de la radio colombiana.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Sociedad de bombos mutuos


En la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno que se celebra en Cádiz ha habido un acto paralelo promovido por la Cadena SER, empresa de radio que pertenece a grupo español de medios PRISA, dueño también de la W Radio colombiana. Llevaron allí al presidente de Colombia Juan Manuel Santos y el orador a quien correspondió en suerte abrir el acto fue Julio Sánchez Cristo, de la W Radio.
Qué espectáculo tan bochornoso e inútil. Abrió el locutor-empresario con un baboso discursito de cepillo al presidente y no desperdició la oportunidad de llamar colega a Santos por aquello de su paso por El Tiempo hace años. Luego leyó (mal) un panegírico de Álvaro Mutis a la ciudad anfitriona, Cádiz, por lo visto tierra de sus ancestros. Una pieza literaria encomiable pero que no venía a cuento.
Después vino el discurso de Santos que saludó a Sánchez Cristo como “estrella internacional” que han perdido los colombianos. La única noticia reseñable de este encuentro es que el presidente anunció un próximo tratado de libre comercio con Japón. Estupendo, un mayor instrumento de enriquecimiento para el ministro de Hacienda y sus hermanitos en Tokio pues, según es sabido por la colonia colombiana en la capital japonesa, no se mueve una hoja en los negocios bilaterales entre los dos países que no cuente con el visto bueno de la familia Cárdenas, dueña en propiedad de la embajada de Colombia en Tokio.
Pero volviendo a la babosa reunión de Cádiz, que inútiles y sonrojantes esos discursos destinados a darse cepillo y, para completar, la emoción que producía el acto de Cádiz en ese personaje untuoso y cursi a quien llaman todos Dr. Casas y que se ha erigido voz de la ponderación y mesura y que tanto recuerda a aquel Dr. Merengue de las tiras cómicas de los años sesenta. Y, dicho sea de paso, que inutilidad la de esas cumbres que sólo dan noticias como ésta de la que nos ocupamos.

domingo, 7 de octubre de 2012

La Fundación Santa Fe se recupera del paso de Santos


Supongo que a Juan Manuel Santos le importará muy poco lo que piensen de él en el Hospital Fundación Santa Fe pero, por si se vuelve a dar el caso -¡Dios no lo quiera!-, que lo internen de nuevo allí, que quede informado  de que en dicha institución es persona non grata por parte de los trabajadores de a pie, de las enfermeras, auxiliares, personal de limpieza, etc. no por parte de los directivos, claro, que en un arranque de servilismo y lambonería hasta le compraron sábanas de Silvia  Tcherassi con el logo de la institución.

La Fundación Santa Fe tiene la “mala suerte” de tener muy buenos médicos, por  eso suelen llegar allí  pacientes de alto coturno como presidentes, ex presidentes y ministros que, dependiendo del grado de prepotencia del sujeto, suponen un trastorno para las personas que laboran en dicho hospital. Hay quien saluda de mano a todo el que se encuentre por los pasillos, con mucho “mija” por aquí y mucho diminutivo por allá como cierto ex presidente y quien, como Santos, mira displicente a todo aquel que se atraviesa en su camino.

La enfermedad iguala a los seres humanos en el dolor y, por más sábanas de diseño que envuelvan al paciente, en clínicas y hospitales  afloran las  flaquezas y debilidades del ser humano, se trate de camioneros o de presidentes de la república. Bastante tienen los trabajadores de estos centros lidiando con sus miserias  para tener que aguantar, además, su prepotencia y la de sus familiares por la gracia de su cargo.

Santos llevó a la Santa Fe sus propias sábanas, sus familiares no lo dejaban tocar de las enfermeras y exigían médico para todos los menesteres. Y es que, claro, él es diferente de todos los mortales. Todos los medios se han hecho lenguas alabando la transparencia de la operación de Santos en contraste con el circo del vicepresidente Angelino Garzón, pero el presidente ha salido del hospital diciendo: “estoy totalmente curado”; parece una frase de su nuevo mejor amigo. Todos deseamos que eso sea cierto, pero decir tal cosa es  un riesgo al que no se somete ningún profesional serio de la medicina. Después de una operación de este tipo hacen falta muchos meses de control para hacer una afirmación de este tipo.

Espero que si se da de nuevo el caso de un desembarco presidencial como el último vivido en la Santa Fe, más parecido a un operativo contra la columna móvil Teófilo Forero que la llegada de un presidente enfermo, Santos no vuelva con los humos que suele desplegar en ese centro y los directivos del hospital se ahorren las sábanas de diseño y dejen esa platica en las maltrechas arcas de la institución.

martes, 11 de septiembre de 2012

Respirando por la herida


El saliente embajador de Colombia ante el Vaticano, César Mauricio Velásquez, ha cerrado su brillante carrera diplomática con una entrevista en el diario italiano La Stampa en la que deja al presidente de Colombia como un grosero que le ha quedado mal dos veces al Papa. Según el periodista reciclado de diplomático, Juan Manuel Santos dejó plantado un par de veces a Benedicto XVI al suspender en sendas ocasiones entrevistas concertadas con antelación.
 El Vaticano, que si de algo sabe es de diplomacia por su experiencia secular en este asunto, salió al paso de las declaraciones de Velásquez aclarando que las entrevistas de jefes de Estado con el Papa se gestionan a través de la Nunciatura y que, por tanto, la embajada vaticana es la única voz autorizada para pronunciarse sobre las audiencias papales. Dicho en términos poco diplomáticos dejó a Velásquez con el culo al aire.
Y es que el improvisado diplomático, pupilo de Álvaro Uribe y enredado --como tantos colaboradores de ese ex presidente-- en los trapicheos de su padrino, lo que hace con esas declaraciones es respirar por la herida de haberse quedado sin embajada en Roma.
No quería salir de allí y, menos aún, a dar la cara ante la justicia por sus enredos con la visita de emisarios de los paramilitares a la Casa de Nariño en sus tiempos de portavoz de prensa de la Presidencia.
Qué mal estilo el de este hombre. En su amargura ha pretendido desprestigiar a quien, por el cargo de embajador, representaba en el Vaticano.
Las cancelaciones –o mejor, aplazamientos- de citas entre jefes de Estado son corrientes por complicaciones de agenda y para eso están los diplomáticos, para ajustarlas a las necesidades de ambas partes y no para ventilar las gestiones previas en público.
Estas cosas pasan en la “diplomacia” colombiana gracias a que la cancillería de este país es una cartera poco seria y mantiene las legaciones en el exterior como caja menor del presidente de turno para pagar favores políticos, premiar amigos o alejar enemigos.
Y seguirán pasando mientras se siga nombrando como embajadores a periodistas amargados, payasos de la televisión, locutores deportivos y ganaderos vinculados al paramilitarismo. Uno se pregunta, por ejemplo, qué ofensa tan grande ha hecho Sudáfrica a Colombia para que hayan sido embajadores allí Moreno de Caro y Edgar Perea.

sábado, 25 de agosto de 2012

Santos refresca su gabinete


He aquí una dirección y un teléfono en Tokio que dirán muy poco al común de los mortales, incluso si los mortales son colombianos: Nihonbashi Honcho Bldg. 1f, 1-3-5 Nihonbashi Honcho Chou-ku Tokyo 103-0023 Japan Ph: 813-32317393. 

Ha sido durante tiempo la dirección comercial de un hombre de negocios afincado en la capital japonesa cuyo nombre es Eduardo Cárdenas. Hasta aquí la cosa sigue siendo anodina. Pero si decimos que el personaje es hermano de la embajadora de Colombia en Japón la cosa se pone interesante. Y si de paso recordamos que también es hermano del flamante ministro de Hacienda de Juan Manuel Santos, Mauricio Cárdenas, más interesante aún.

Las exportaciones de Colombia a Japón, siendo altamente deficitarias para el gobierno colombiano, anualmente superan los 200 millones de dólares.  El café representa el 74 por ciento del total de las ventas a ese país y después de Estados Unidos y Rusia, Japón se ha convertido en el tercer comprador de flores colombianas. Por esas casualidades de la vida, Eduardo, Patricia y Mauricio son hijos de Jorge Cárdenas, mandamás de la Federación de cafeteros durante veinte años. Insisto, 74 por ciento del total de ventas a Japón es café.

A pesar de estas credenciales estamos seguros de que es de muy mal pensados creer que Jorge Cárdenas Gutiérrez ha hecho y deshecho durante años en la embajada de Colombia en Tokio y que, como se dice en la colonia colombiana en el país del sol naciente, en los negocios entre ambos países no se mueve una hoja sin el visto bueno y participación de la prominente y respetadísima familia Cárdenas.

Ahora tendremos durante los próximos años a un vástago de los Cárdenas manejando las finanzas del país y administrando los impuestos que pagamos todos los colombianos. Estamos en buenas manos. El fallo del Consejo de Estado sobre el escándalo de Dragacol, en 1998, cogió “por sorpresa” a Mauricio, quien fuera Ministro de Transportes durante la vergonzosa conciliación que robó al Estado cientos de miles de millones de pesos.

Recordémoslo brevemente. Por unos contratos, sobre los que se exigían más de 26.000 millones de pesos, el Estado alcanzó a desembolsar a la firma Dragacol 17.600 millones de pesos. El dinero restante quedó congelado luego de que estallara en el escándalo. Según el Consejo de Estado, el valor real que se debió reconocer por aquellos contratos jamás debió exceder los 4.000 millones de pesos.

Y, aunque el Consejo de Estado lo hizo responsable solidario y la Procuraduría lo acusó de no velar por los intereses del Estado, Mauricio asegura que no había lugar a responsabilidad, y que ha sido juzgado y absuelto por la Fiscalía y la Procuraduría. Y aquí paz y después gloria.

Supongo, a la vista del primer nombramiento de su “refrescado” gabinete, Santos seguirá en la misma línea de hojas de vida que se denunció en su momento en la Silla Vacía:
Dios nos coja confesados.