Supongo que a Juan Manuel Santos le importará muy poco lo que piensen de él
en el Hospital Fundación Santa Fe pero, por si se vuelve a dar el caso -¡Dios
no lo quiera!-, que lo internen de nuevo allí, que quede informado de que en dicha institución es persona non grata por parte de los
trabajadores de a pie, de las enfermeras, auxiliares, personal de limpieza, etc.
no por parte de los directivos, claro, que en un arranque de servilismo y
lambonería hasta le compraron sábanas de Silvia
Tcherassi con el logo de la institución.
La Fundación Santa Fe tiene la “mala suerte” de tener muy buenos médicos,
por eso suelen llegar allí pacientes de alto coturno como presidentes,
ex presidentes y ministros que, dependiendo del grado de prepotencia del
sujeto, suponen un trastorno para las personas que laboran en dicho hospital.
Hay quien saluda de mano a todo el que se encuentre por los pasillos, con mucho
“mija” por aquí y mucho diminutivo por allá como cierto ex presidente y quien,
como Santos, mira displicente a todo aquel que se atraviesa en su camino.
La enfermedad iguala a los seres humanos en el dolor y, por más sábanas de
diseño que envuelvan al paciente, en clínicas y hospitales afloran las
flaquezas y debilidades del ser humano, se trate de camioneros o de
presidentes de la república. Bastante tienen los trabajadores de estos centros
lidiando con sus miserias para tener que
aguantar, además, su prepotencia y la de sus familiares por la gracia de su
cargo.
Santos llevó a la Santa Fe sus propias sábanas, sus familiares no lo dejaban
tocar de las enfermeras y exigían médico para todos los menesteres. Y es que,
claro, él es diferente de todos los mortales. Todos los medios se han hecho
lenguas alabando la transparencia de la operación de Santos en contraste con el
circo del vicepresidente Angelino Garzón, pero el presidente ha salido del
hospital diciendo: “estoy totalmente curado”; parece una frase de su nuevo mejor amigo. Todos deseamos que
eso sea cierto, pero decir tal cosa es
un riesgo al que no se somete ningún profesional serio de la medicina.
Después de una operación de este tipo hacen falta muchos meses de control para hacer una afirmación de este tipo.
Espero que si se da de nuevo el caso de un desembarco presidencial como el
último vivido en la Santa Fe, más parecido a un operativo contra la columna
móvil Teófilo Forero que la llegada de un presidente enfermo, Santos no vuelva con los humos que suele desplegar en ese centro y los directivos del hospital se ahorren las sábanas de diseño y dejen esa platica en las
maltrechas arcas de la institución.
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