domingo, 7 de octubre de 2012

La Fundación Santa Fe se recupera del paso de Santos


Supongo que a Juan Manuel Santos le importará muy poco lo que piensen de él en el Hospital Fundación Santa Fe pero, por si se vuelve a dar el caso -¡Dios no lo quiera!-, que lo internen de nuevo allí, que quede informado  de que en dicha institución es persona non grata por parte de los trabajadores de a pie, de las enfermeras, auxiliares, personal de limpieza, etc. no por parte de los directivos, claro, que en un arranque de servilismo y lambonería hasta le compraron sábanas de Silvia  Tcherassi con el logo de la institución.

La Fundación Santa Fe tiene la “mala suerte” de tener muy buenos médicos, por  eso suelen llegar allí  pacientes de alto coturno como presidentes, ex presidentes y ministros que, dependiendo del grado de prepotencia del sujeto, suponen un trastorno para las personas que laboran en dicho hospital. Hay quien saluda de mano a todo el que se encuentre por los pasillos, con mucho “mija” por aquí y mucho diminutivo por allá como cierto ex presidente y quien, como Santos, mira displicente a todo aquel que se atraviesa en su camino.

La enfermedad iguala a los seres humanos en el dolor y, por más sábanas de diseño que envuelvan al paciente, en clínicas y hospitales  afloran las  flaquezas y debilidades del ser humano, se trate de camioneros o de presidentes de la república. Bastante tienen los trabajadores de estos centros lidiando con sus miserias  para tener que aguantar, además, su prepotencia y la de sus familiares por la gracia de su cargo.

Santos llevó a la Santa Fe sus propias sábanas, sus familiares no lo dejaban tocar de las enfermeras y exigían médico para todos los menesteres. Y es que, claro, él es diferente de todos los mortales. Todos los medios se han hecho lenguas alabando la transparencia de la operación de Santos en contraste con el circo del vicepresidente Angelino Garzón, pero el presidente ha salido del hospital diciendo: “estoy totalmente curado”; parece una frase de su nuevo mejor amigo. Todos deseamos que eso sea cierto, pero decir tal cosa es  un riesgo al que no se somete ningún profesional serio de la medicina. Después de una operación de este tipo hacen falta muchos meses de control para hacer una afirmación de este tipo.

Espero que si se da de nuevo el caso de un desembarco presidencial como el último vivido en la Santa Fe, más parecido a un operativo contra la columna móvil Teófilo Forero que la llegada de un presidente enfermo, Santos no vuelva con los humos que suele desplegar en ese centro y los directivos del hospital se ahorren las sábanas de diseño y dejen esa platica en las maltrechas arcas de la institución.

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