martes, 11 de septiembre de 2012

Respirando por la herida


El saliente embajador de Colombia ante el Vaticano, César Mauricio Velásquez, ha cerrado su brillante carrera diplomática con una entrevista en el diario italiano La Stampa en la que deja al presidente de Colombia como un grosero que le ha quedado mal dos veces al Papa. Según el periodista reciclado de diplomático, Juan Manuel Santos dejó plantado un par de veces a Benedicto XVI al suspender en sendas ocasiones entrevistas concertadas con antelación.
 El Vaticano, que si de algo sabe es de diplomacia por su experiencia secular en este asunto, salió al paso de las declaraciones de Velásquez aclarando que las entrevistas de jefes de Estado con el Papa se gestionan a través de la Nunciatura y que, por tanto, la embajada vaticana es la única voz autorizada para pronunciarse sobre las audiencias papales. Dicho en términos poco diplomáticos dejó a Velásquez con el culo al aire.
Y es que el improvisado diplomático, pupilo de Álvaro Uribe y enredado --como tantos colaboradores de ese ex presidente-- en los trapicheos de su padrino, lo que hace con esas declaraciones es respirar por la herida de haberse quedado sin embajada en Roma.
No quería salir de allí y, menos aún, a dar la cara ante la justicia por sus enredos con la visita de emisarios de los paramilitares a la Casa de Nariño en sus tiempos de portavoz de prensa de la Presidencia.
Qué mal estilo el de este hombre. En su amargura ha pretendido desprestigiar a quien, por el cargo de embajador, representaba en el Vaticano.
Las cancelaciones –o mejor, aplazamientos- de citas entre jefes de Estado son corrientes por complicaciones de agenda y para eso están los diplomáticos, para ajustarlas a las necesidades de ambas partes y no para ventilar las gestiones previas en público.
Estas cosas pasan en la “diplomacia” colombiana gracias a que la cancillería de este país es una cartera poco seria y mantiene las legaciones en el exterior como caja menor del presidente de turno para pagar favores políticos, premiar amigos o alejar enemigos.
Y seguirán pasando mientras se siga nombrando como embajadores a periodistas amargados, payasos de la televisión, locutores deportivos y ganaderos vinculados al paramilitarismo. Uno se pregunta, por ejemplo, qué ofensa tan grande ha hecho Sudáfrica a Colombia para que hayan sido embajadores allí Moreno de Caro y Edgar Perea.

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