El noticiero de televisión colombiana CM& tiene una sección llamada “1,2,3” en el que su director Yamid Amat suele emitir pequeños editoriales y dar a conocer confidenciales leídos por dos actrices y una locutora quienes, antes de hablar, nos muestran sus deditos. En su emisión del 22 de febrero, Yamid se hizo solidario con la patria ofendida por un australiano, mediante una de sus actrices orgullosamente ornada con una cruz de ceniza en la frente. Hagamos un pequeño análisis de esta pieza del periodismo patrio.
Según se desprende del confidencial, Michael Laurent Cullen, presidente en Colombia de una multinacional de seguridad, insultó, en las instalaciones de un club bogotano, a Colombia y a los colombianos. Don Michael, por lo visto, llamó al país “Nación de m…, con una sociedad narcotraficante y con un club de hampones y ladrones como este”.
Bueno, “nación de m” no nos permite más que una especulación. Podría ser Nación de mamá. En este caso podría tratarse de una expresión debida al deficiente conocimiento del idioma por parte del señor Larent quien, contagiado ya por el amor de los colombianos al vallenato quizá quiso cantar aquella estrofa tan bonita que dice: “bendición de mamá, bendición de papá”.
Pero puestos a especular con la letra eme, consultando el diccionario de nuestra lengua, nos daría para mucho; ahora bien, si don Michael lo que verdaderamente dijo fue mierda, pues no es para tanto. No hay país que se libre de esta miseria de la condición humana por lo que en sentido estricto todos los países son naciones de mierda.
Con respecto a la segunda expresión –sociedad narcotraficante- podríamos decir que se trata de una generalización explicable. Cuando hablamos de España pensamos en toreros, cuando hablamos de Arabia Saudí en multimillonarios, cuando hablamos de Australia, pensamos en canguros. Y en ese orden de ideas cuando en el extranjero se habla de Colombia piensan en narcotraficantes. Es cierto que no todos los españoles son toreros, ni todos los saudíes multimillonarios, ni todos los australianos son canguros, ni todos los colombianos narcos. Pero es más fácil encontrar toreros en España que en Arabia Saudí, canguros en Australia que en Colombia y, consecuentemente, narcotraficantes en Colombia que en España, en Arabia Saudí o en Australia.
En cuanto a la última expresión –club de hampones y ladrones como éste- quizá lo que don Michael quiso decir fue “un club de arcones y lambones” refiriéndose a las arcas y baúles que adornan el club y a los lagartos que suelen pasearse por los pasillos de los clubes sociales capitalinos.
Y a propósito de lambones el texto de don Yamid no tiene desperdicio. Empieza informándonos que un “consagrado abogado” asumió la defensa de una señora ofendida en lo más profundo del amor patrio. Acto seguido, nos puso al tanto de que el letrado en cuestión “salió hoy de la clínica, en la que fue sometido a una delicada intervención quirúrgica que terminó bien”, para terminar con esta perla de cursilería en boca de la cenicienta crucificada: “Gracias, Jaime, por defender el nombre de nuestro país y nuestras mujeres”.
Ahora, lectores amigos, entonen conmigo: Oh, gloria inmarcesible, o júbilo inmortal, en surcos de dolores el bien germina ya. Tachán, tachán, tachán.