jueves, 26 de abril de 2012

Amenaza sobre San Andrés



Colombia es un país que pierde territorio desde 1810, cosa que no parace importarle a su clase política, y ahora estamos ad portas de un nuevo expolio. Produce indignación la frivolidad con que la canciller Maria Angela Holguín afronta el asunto.

Se ve venir hace años la tragedia que supone para San Andrés pasar a manos de Nicaragua –todas o parte de las islas- por la desidia de los gobernantes, y parece claro la humillación que supondrá para los colombianos esta nueva pérdida de territorio.

Cuando Estados Unidos arrebató Panamá a Colombia, el presidente Sanclemente declaró orgulloso que a él le habían entregado un país y devolvió dos. Siguiendo esa política liviana y traidora la señora canciller declaró que la Corte Internacional suele dejar satisfechas a todas las partes litigantes de donde se deduce que espera que Nicaragua tenga territorio colombiano y no le importa.

Entre otras lecturas esta actitud tiene mucho que ver con el poco o nulo interés que han tenido siempre los políticos en el altiplano de Bogotá por el litoral, el mar y las islas. Y mientras la Cancilleria siga siendo una pasarela los intereses del país en el exterior seguirán en manos de las Noemies, las Maria Emmas, las Conchis y las Maria Angelas y la amenaza permanecerá.

Y para más inri a esta joya de la diplomacia que es la actual canciller lleva candidatizandola hace días a la presidencia del país, un cursi que habla todas las mañanas en un programa de la radio colombiana.

lunes, 23 de abril de 2012

Sir Paul MacCartney



El paso de Paul MacCartney por Colombia ha dado lugar, entre otras cosas, a la exhibición de bobaliconería, provincianismo y deslumbramiento propios de subdesarrollo y  complejo de inferioridad vergonzante de algunos periodistas locales. Me refiero al constante tratamiento de Sir que se le ha dado al ex Beatle precediendo de tal título siempre que se mencionaba su nombre.

El asunto me recuerda la pregunta que me hizo un periodista local sobre cómo debía dirigirse a un marqués a cuya casa había sido invitado. Mi respuesta fue: “Si lo conoces muchísimo lo puedes llamar incluso con un diminutivo (aunque es casi seguro que no gustará); si lo conoces mucho lo llamas por su nombre, Jaime; y si lo conoces poco, dile don Jaime. No se te ocurra llamarlo doctor que eso es muy colombiano y ridículo. Por cierto a don Jaime le divierte muchísimo posar de marqués en un país de papanatas como este. Pero volvamos a lo de Sir Paul.

El tratamiento de Sir equivale en Inglaterra al español de “vuestra excelencia” que, si es por escrito, se pone “V.E. Don Fulano de tal” o “V.E. Doña Fulana de tal”. En ciertas regiones de España hay un tratamiento de respeto equivalente muy antiguo como el de “honorable” que se da en Cataluña al presidente de esa región autónoma. En todo caso, llamar don o doña a una persona distinguida es más que suficiente…, si es que se quiere hacer un poquito de ridículo ya que, como dice el dicho, para gustos los colores.

Para que se enteren los deslumbrados con Sir Paul MacCartney son excelentísimos señores y señoras en España toreros como “Espartaco o “Curro” Romero, cantantes como Isabel Pantoja, y lo fueron Lola Flórez y Rocío Jurado,por haber recibido la Medalla del Trabajo en su categoría de oro. En otros países europeos –aun tratándose de repúblicas como Francia o Alemania- hay tratamientos equivalentes. De modo que si quieren seguir haciendo el ridículo los locutores colombianos pueden tratar a Isabel Pantoja como “Excelentísima señora”. Si eso les parece excesivo denle entonces el título de nobleza típicamente colombiano y llámenla doctora. Seguro que ya más de un portero le ha dado ese tratamiento cuando ha estado de visita por Bogotá y ya imagino el asombro en que se habrá sumido la popular tonadillera sevillana.

lunes, 16 de abril de 2012

El blindaje de Obama


Dejando aparte los resultados políticos de la Cumbre de Cartagena --que serán analizados por sesudos comentariastas en todas partes-- me voy a referir a un tema aparentemente menor de la reunión de mandatarios americanos como es el de su apariencia en televisión. Y, puesto que una pluma tan excelsa como Fidel Castro glosó la hipotética y nunca vista guayabera de Barack Obana, parto de la imagen del presidente americano.
El señor Obama estuvo impecable. Se vistió como hay que hacerlo en estas ocasiones: blazer azul de un material ligero, camisa clara (azul o blanca) y pantalón beige. El blazer es una prenda que puede resultar algo incómoda con un calor como el de Cartagena pero, cuando hace calor, casi todo suele resultar incómodo.
No se entiende muy bien que un señor normalmente bien vestido como el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, se haya dejado llevar por esa moda, que uno no sabe en qué momento surgió en Colombia, de ir a actos elegantes –bodas o conferencias internacionales- en Cartagena en mangas de camisa o con guayabera.
La gente parece que no viera nunca como sale en las revistas de crónica social en guayabera: dan en primer lugar, impresión de suciedad y, como por lo general las fotos son tomadas al cabo de unas horas de fiesta, los caballeros aparecen con prendas arrugadas, caras grasientas y aspecto mantecoso.
¿Quién y cuándo se puso de moda que la gente del interior se case en Cartagena y los señores deban ir en guayabera? Quizá el pistoletazo de salida lo dio García Márquez cuando hizo el ridículo mundial vistiendo una prenda que nadie conocía en Colombia y se disfrazó de vendedor de helados para recibir el Nobel en los frios de Estocolmo.
En fin, me temo que la guayabera que lucen cachacos, paisas o boyacesnes en Cartagena tiene que ver con esa otra moda del vallenato llorón y hortera que se oye por todas partes en Colombia. Quiero decirles que se ven muy mal y que si piensan que los van inmortalizar en fotos o lanzar al mundo por televisión salen fatal. 
Hay una norma no escrita para esos medios y es que el blanco y las camisas de rayas están prohibidas en televisión, además de plantear dificultades a los profesionales de la imagen. Obama, que sabe muy bien que más que para que lo vean unos cientos en personas en un acto público debe vestir para que lo ven millones por la tele, sabe bien esto.
La guayabera está bien para una boda de narcos, traquetos o lavaperros que en el momento del si quiero ya suelen estar borrachos y poco les importa la apariencia personal. Aprendan del señor Obama, les dio sopa con cauchera a todos en la Cumbre y de paso le hizo pistola a Fidel Castro que ensilló sin tener las bestias cuando se burló de su inexistente guayabera caribeña.
No creo, como ha dicho un conocido columnista, que Obama ocultase un blindaje bajo el blazer. Tonterías, el único blindaje que llevaba era el del señor que sabe estar a la altura de la circunstancias.

lunes, 9 de abril de 2012

Piedad Córdoba y la kuffiya


No niego el mérito de Piedad Córdoba en la liberación de los diez militares y policías que estaban en manos de las Farc, pero quiero detenerme en un detalle de alta moda que ha hecho su aparición durante las horas de la operación que devolvió los secuestrados a la libertad.
En vísperas de la operación, la señora Córdoba apareció tocada con una kuffiya, hatta o pañuelo palestino en tonos negros y grises; y el día de la liberación, quizá para no repetir atuendo y mantenerse a tono con los cánones de la elegancia mamerta, la kuffiya de la ex senadora tenía las tonalidades rosa y rojo.
El pañuelo palestino que de ser una prenda para proteger de los rigores del desierto a los habitantes de aquella región del mundo pasó a indumentaria hippy y, finalmente, a complemento del vestir de las gentes de izquierda, se ha banalizado al punto de que quienes lo llevan hoy no tienen ni idea de su origen y su significado. Llevar esta prenda fue obligatorio durante el mandato de Al-Husseini, cuando Palestina era colonia inglesa pero hoy ha cambiado de colores, de portadores y de sentido.
La señora Córdoba, muy cuidadosa siempre de sus conjuntos que incluyen de unos años a hoy vistosos turbantes y tocados de aire vagamente étnico, tuvo mucho cuidado de lucir, durante las cuarenta y ocho horas que la prensa internacional iba a estar pendiente de ella, el pañuelo palestino como mensaje subliminal a la academia noruega, responsable de elegir los Nobel de la Paz cada año.
A ver si a pesar de sus esfuerzos por la paz de Colombia y denodado afán por mantenerse a la moda más progresista del mercado, se queda también este año con los crespos hechos.