Colombia es un país que pierde territorio
desde 1810, cosa que no parace importarle a su clase política, y ahora estamos
ad portas de un nuevo expolio. Produce indignación la frivolidad con que la
canciller Maria Angela Holguín afronta el asunto.
Se ve venir hace años la tragedia que
supone para San Andrés pasar a manos de Nicaragua –todas o parte de las islas-
por la desidia de los gobernantes, y parece claro la humillación que supondrá
para los colombianos esta nueva pérdida de territorio.
Cuando Estados Unidos arrebató Panamá a
Colombia, el presidente Sanclemente declaró orgulloso que a él le habían
entregado un país y devolvió dos. Siguiendo esa política liviana y traidora la
señora canciller declaró que la Corte Internacional suele dejar satisfechas a
todas las partes litigantes de donde se deduce que espera que Nicaragua tenga
territorio colombiano y no le importa.
Entre otras lecturas esta actitud tiene
mucho que ver con el poco o nulo interés que han tenido siempre los políticos
en el altiplano de Bogotá por el litoral, el mar y las islas. Y mientras la Cancilleria
siga siendo una pasarela los intereses del país en el exterior seguirán en
manos de las Noemies, las Maria Emmas, las Conchis y las Maria Angelas y la
amenaza permanecerá.
Y para más inri a esta joya de la
diplomacia que es la actual canciller lleva candidatizandola hace días a la
presidencia del país, un cursi que habla todas las mañanas en un programa de la
radio colombiana.