Estimado
Don Federico:
Soy
una oyente de su programa, fiel en cuanto me lo permiten el horario y la
distancia, puesto que lo hago desde Colombia.
Le
pongo por delante que lamento mucho ver a España recorriendo el mismo camino político de los países latinoamericanos en años pasados; y ni en la más
disparatada de las fantasías, se me habría ocurrido pensar que un pretendiente
al gobierno de España se inspirase en las políticas de Venezuela y Bolivia.
Aclarado
esto, paso a darle mi opinión –muy brevemente—sobre la entrevista que hizo Ud.
a Álvaro Uribe y los comentarios que hicieron en tertulia con los Sres. Pedro J Ramírez y Luis Herrero sobre el ex presidente colombiano.
Uribe,
como todos los presidentes que llegan a la primera magistratura de este país,
prometió acabar con la guerrilla y no lo hizo. Peor aún, consiguió hacerse
reelegir para un segundo período alterando la Constitución mediante prebendas y
chantajes a los congresistas que hicieron ese atropello. Tuvo, pues, dos
períodos y no acabó con las FARC.
Las
FARC, don Federico, sobreviven porque el país, la sociedad colombiana, hizo una
apuesta suicida que fue haber cerrado los ojos ante la llegada de la cocaína,
cuya presencia aquí era marginal hasta los años 70.
La
lucha contra la llamada “insurgencia” colombiana es casi imposible por el poder
inmensamente corruptor de la droga. Uribe no la derrotó, es cierto que les dio
duros golpes, pero el precio que pagaron los colombianos por lo que él llamaba,
“seguridad democrática” fue muy alto y prolijo para narrar aquí.
Pero
quiero detenerme en dos casos particularmente infames. La muerte de miles --sí,
miles, está documentado-- de personas inocentes que el Ejército mataba, vestía
de guerrilleros y se los presentaba a Uribe, que pedía diariamente a los
comanadantes resultados tangiles en la lucha contra la guerrilla.
En
segundo lugar, el episodio de espionaje y escuchas ilegales a periodistas desafectos, opositores y
magistrados que se oponían a sus atropellos, fue sistemático.
Y
por último, para no aburrirlo con una gestión de la que se podría hablar largo y tendido, oí que le vendió también a Ud., su cuento de la
confianza inversionista. Le explico.
Entre
otros muchos disparates, Uribe llamó a todas las compañías mineras que quisieran venir
a hacer prospecciones y explotación de minería en Colombia, particularmente
compañías mineras canadienses y norteamericanas, al tiempo que presionaba en Washington para
firmar un Tratado de Libre Comercio, TLC, con USA (que finalmente firmó el gobierno
Santos).
Pues
bien, luego se vio que las compañías que llegaron afectaban gravemente páramos
y fuentes de agua, con lo que eso significa. Santos se vio obligado a dar
marcha atrás con esas licencias y a detener esas explotaciones.
Como
consecuencia, en virtud del TLC, las primeras (vendrán más) compañías mineras que han demandado a
Colombia, reclaman 16.000 millones de dólares de indemnización. Y las
perspectivas de este pleito no pintan nada halagüeñas para el país. Han
logrado, pudiendo tener a París o Londres como sedes de las alegaciones,
conseguir que la sede sea Huston, Texas en donde, como Ud. se podrá imaginar,
una de las mayores preocupaciones es el medio ambiente mundial… Esta es la
herencia que deja la “confianza inversionista” del Sr. Uribe.
Reciba,
Don Federico, un cordial saludo.
S.N.
P.D.
Al Sr. Santiago Uribe no lo han detenido por ser hermano del ex presidente sino
como presunto fundador de un grupo paramilitar llamado los Doce Apóstoles. Lo
remito a Google.