martes, 29 de marzo de 2016

Carta a Federico Jiménez Losantos a propósito de Álvaro Uribe

Estimado Don Federico:

Soy una oyente de su programa, fiel en cuanto me lo permiten el horario y la distancia, puesto que lo hago desde Colombia.

Le pongo por delante que lamento mucho ver a España recorriendo el mismo camino político de los países latinoamericanos en años pasados; y ni en la más disparatada de las fantasías, se me habría ocurrido pensar que un pretendiente al gobierno de España se inspirase en las políticas de Venezuela y Bolivia.

Aclarado esto, paso a darle mi opinión –muy brevemente—sobre la entrevista que hizo Ud. a Álvaro Uribe y los comentarios que hicieron en tertulia con los Sres. Pedro J Ramírez y Luis Herrero sobre el ex presidente colombiano.

Uribe, como todos los presidentes que llegan a la primera magistratura de este país, prometió acabar con la guerrilla y no lo hizo. Peor aún, consiguió hacerse reelegir para un segundo período alterando la Constitución mediante prebendas y chantajes a los congresistas que hicieron ese atropello. Tuvo, pues, dos períodos y no acabó con las FARC.

Las FARC, don Federico, sobreviven porque el país, la sociedad colombiana, hizo una apuesta suicida que fue haber cerrado los ojos ante la llegada de la cocaína, cuya presencia aquí era marginal hasta los años 70.

La lucha contra la llamada “insurgencia” colombiana es casi imposible por el poder inmensamente corruptor de la droga. Uribe no la derrotó, es cierto que les dio duros golpes, pero el precio que pagaron los colombianos por lo que él llamaba, “seguridad democrática” fue muy alto y prolijo para narrar aquí.

Pero quiero detenerme en dos casos particularmente infames. La muerte de miles --sí, miles, está documentado-- de personas inocentes que el Ejército mataba, vestía de guerrilleros y se los presentaba a Uribe, que pedía diariamente a los comanadantes resultados tangiles en la lucha contra la guerrilla.

En segundo lugar, el episodio de espionaje y escuchas ilegales a periodistas desafectos, opositores y magistrados que se oponían a sus atropellos, fue sistemático.

Y por último, para no aburrirlo con una gestión de la que se podría hablar largo y tendido, oí que le vendió también a Ud., su cuento de la confianza inversionista. Le explico.

Entre otros muchos disparates, Uribe llamó a todas las compañías mineras que quisieran venir a hacer prospecciones y explotación de minería en Colombia, particularmente compañías mineras canadienses y norteamericanas, al tiempo que presionaba en Washington para firmar un Tratado de Libre Comercio, TLC, con USA (que finalmente firmó el gobierno Santos).

Pues bien, luego se vio que las compañías que llegaron afectaban gravemente páramos y fuentes de agua, con lo que eso significa. Santos se vio obligado a dar marcha atrás con esas licencias y a detener esas explotaciones.

Como consecuencia, en virtud del TLC, las primeras (vendrán más) compañías mineras que han demandado a Colombia, reclaman 16.000 millones de dólares de indemnización. Y las perspectivas de este pleito no pintan nada halagüeñas para el país. Han logrado, pudiendo tener a París o Londres como sedes de las alegaciones, conseguir que la sede sea Huston, Texas en donde, como Ud. se podrá imaginar, una de las mayores preocupaciones es el medio ambiente mundial… Esta es la herencia que deja la “confianza inversionista” del Sr. Uribe.

Reciba, Don Federico, un cordial saludo.

S.N.

P.D. Al Sr. Santiago Uribe no lo han detenido por ser hermano del ex presidente sino como presunto fundador de un grupo paramilitar llamado los Doce Apóstoles. Lo remito a Google.


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