martes, 26 de junio de 2012



El planeta de los simios


Miren bien la imagen de estos dos pájaros. Emilio Otero Dajud y Simón Gaviria Muñoz. El primero es un curtido buitre que lleva 10 años en el cargo de Secretario general del Senado y el segundo es apenas un pichón de ave carroñera, de las que abundan en el Congreso y que ha presidido la última legislatura de la Cámara baja colombiana. No son lo únicos, pues, pero son emblemáticos especímenes de la plaga que se abate hace años sobre el legislativo de este país y que la pasada semana llevó a Colombia a un callejón sin salida.
Sólo tapándose la nariz y cerrando los ojos la clase política colombiana saldrá del atolladero en que la metieron el atajo de sinvergüenzas que legislan en causa propia y que, ávidos de poder, de codicia, de angurria, se mueven a sus anchas por los pasillos del Congreso, en el salón de plenos, en los clubes bogotanos repartiendo prebendas, favores y gabelas a los de siempre. A los de esa clase parasitaria que los electores  llevan periódicamente a la capital para que los sodomicen. El pueblo colombiano a cambio de una botella de aguardiente, una camiseta o un almuerzo apestoso, es capaz cada cuatro años, de darle poder a estas lacras.
Las denuncias que pesan sobre Otero no son de poca monta. Van desde posibles irregularidades en contratos millonarios hasta vínculos con la mafia, pasando por nombramientos ilegales, viajes injustificados a cargo del presupuesto, etc. Mientras Gaviria, por su parte, es hijo como se sabe de un ex presidente. Uno más de esa clase dañina  de delfines sin los cuales Colombia parece no poder vivir.
El uno con sus marrullas, amaños y trapicheos quiso, en compañía de sus compinches que son la mayoría de los congresistas, reformar la constitución a su antojo. Se dotó de dignidad igual a la de un jefe de Estado y, de paso, se fijó un sueldo de 340 millones de pesos. El otro con el peso de la púrpura de su presidencial apellido ni siquiera se tomó el trabajo de leer el bodrio que habían redactado los delincuentes que lo acompañan en el Congreso. Y ahora posa de líder de la regeneración de la patria.
Usted, señor Gaviria, no puede ser líder de nada. No venga ahora a dárselas de componedor del entuerto cuando en realidad es cómplice del desaguisado. Retírese si le queda algo de dignidad. A Otero no podemos pedirle tal cosa pues conocemos bien a los de su calaña. Pero las redes sociales tienen fuerza, tumbaron a Gadafi en Libia y a Mubarak en Egipto. ¡Cómo no vamos a poder con Otero, Roy Barrera o Gaviria! Vamos a sacarlos del Congreso y que no vuelvan más.