El paso de Paul MacCartney por Colombia ha dado lugar, entre otras cosas, a la exhibición de bobaliconería, provincianismo y deslumbramiento propios de subdesarrollo y complejo de inferioridad vergonzante de algunos periodistas locales. Me refiero al constante tratamiento de Sir que se le ha dado al ex Beatle precediendo de tal título siempre que se mencionaba su nombre.
El asunto me recuerda la pregunta que me hizo un periodista local sobre cómo debía dirigirse a un marqués a cuya casa había sido invitado. Mi respuesta fue: “Si lo conoces muchísimo lo puedes llamar incluso con un diminutivo (aunque es casi seguro que no gustará); si lo conoces mucho lo llamas por su nombre, Jaime; y si lo conoces poco, dile don Jaime. No se te ocurra llamarlo doctor que eso es muy colombiano y ridículo. Por cierto a don Jaime le divierte muchísimo posar de marqués en un país de papanatas como este. Pero volvamos a lo de Sir Paul.
El tratamiento de Sir equivale en Inglaterra al español de “vuestra excelencia” que, si es por escrito, se pone “V.E. Don Fulano de tal” o “V.E. Doña Fulana de tal”. En ciertas regiones de España hay un tratamiento de respeto equivalente muy antiguo como el de “honorable” que se da en Cataluña al presidente de esa región autónoma. En todo caso, llamar don o doña a una persona distinguida es más que suficiente…, si es que se quiere hacer un poquito de ridículo ya que, como dice el dicho, para gustos los colores.
Para que se enteren los deslumbrados con Sir Paul MacCartney son excelentísimos señores y señoras en España toreros como “Espartaco o “Curro” Romero, cantantes como Isabel Pantoja, y lo fueron Lola Flórez y Rocío Jurado,por haber recibido la Medalla del Trabajo en su categoría de oro. En otros países europeos –aun tratándose de repúblicas como Francia o Alemania- hay tratamientos equivalentes. De modo que si quieren seguir haciendo el ridículo los locutores colombianos pueden tratar a Isabel Pantoja como “Excelentísima señora”. Si eso les parece excesivo denle entonces el título de nobleza típicamente colombiano y llámenla doctora. Seguro que ya más de un portero le ha dado ese tratamiento cuando ha estado de visita por Bogotá y ya imagino el asombro en que se habrá sumido la popular tonadillera sevillana.
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