domingo, 8 de enero de 2012

Una pandemia colombiana



 Una pandemia colombiana --la de los nombres raros, absurdos u ofensivos—traspasa las fronteras. El Instituto Nacional de Estadística  español ha puesto a disposición del público una página en donde la gente puede comprobar cuántos tocayos tiene.
La página en cuestión permite ver las tendencias de nombres y edad aproximada de las personas que los llevan. En un país como España, que fue muy católico –aunque hoy una mayoría posa de agnóstica y atea—es curioso ver las tendencias y modas de ciertos nombre de origen religioso. Las Edurnes están en el País Vasco; las Montserrats, en Cataluña; las Rocíos, en Andalucía y así. Pues bien, la presencia de colombianos en la península Ibérica, por lo que puede verse en esta página permite comprobar que la fea costumbre de poner nombres ridículos a los niños ha traspasado fronteras y ya hay empadronados en el territorio español y con nacionalidad de ese país 120 cristianos que se llaman John Freddy.
Qué loable sería que alguna autoridad pertinente en Colombia pusiese freno a esta costumbre absurda y subdesarrollada. Los padres ignorantes de estas criaturas no saben el daño tan grande que hacen a sus hijos marcándolos de por vida con apelativos tan risibles como Laisa Minely Pérez, John Freddy González, William Guillermo Jaramillo y otras lindezas.
Esta costumbre es tan bárbara y detestable como la de esos pobres negros a los que su padres han marcado con unos cuantos cortes tribales en la mejilla y que uno encuentra paseando por las calles de París o de Londres. Por más que vistan trajes Armani, calzados Ferragamo y lleven en la pulsera un Cartier van  gritando que en una perdida aldea africano, unos padres semidesnudos y medio salvajes procedieron a cortar las mejillas del negrito recién nacido para que pregonase su origen a los cuatro vientos donde quiera que fuese de allí en adelante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario