Vaya por delante que creo que la elección de Gustavo Petro como alcalde de Bogotá tiene una vertiente muy positiva en la vida política colombiana. En un país que ha estigmatizado a la izquierda como sinónimo de asesinos gracias, entre otras cosas, al denodado trabajo de las FARC y a la mentalidad cerril de la burguesía colombiana, el hecho de que llegue por la vía de la elección popular al segundo cargo más alto del país un hombre de izquierda y, además, con pasado guerrillero tiene un mérito tan grande como una catedral.
Sentada esta premisa digamos que el comienzo de Petro como gobernante no es muy esperanzador. Ha salido con unas ocurrencias que me recuerdan a un líder de la izquierda europea que, víctima de su ingenuidad, gobierno desacertado, carácter iluso, izquierdismo pueril y permanencia en babia hubo de salir por la puerta de atrás del poder. Un verdadero pánfilo. Me refiero a José Luis Rodríguez Zapatero.
Y es que lo de Zapatero eran ocurrencias en lugar actos de gobierno. Aquí de paso algunas perlas: antes de llegar al poder no se levantó ante el paso de la bandera norteamericana en un desfile militar para protestar contra Bush; luego, ya en el poder, tuvo que soportar el desprecio de presidente norteamericano cada vez que se encontraban en una cumbre. Nombró ministra de Defensa a una señora embarazada con barriga de ocho meses para hacer gala de la manera más enrevesada que se le ocurrió de su militancia feminista. Creó un ilusorio ministerio de Igualdad, que es como crear un Ministerio del Amor o la Bondad. ¡Y a qué tareas se dedicó del ministerio de marras! La ministra del ramo de Igualdad destinó dinero a labores tan útiles como hacer un mapa del clítoris de las españolas. En otro ministerio, en el llamado de Exteriores y Cooperación, destinaron una partida del presupuesto para proteger a las lesbianas de Zimbabue. Otro de los logros inolvidables de su gobierno fue el de la legalización del matrimonio unisex. Destinó dinero público a una tontería cósmica llamada Alianza de Civilizaciones, con la que pretendía llevar al redil de los buenos modales a los muchachos de alqaeda, talibanes y demás ralea de fanáticos islámicos. Y en fin, que al final de su mandato, cuando había despilfarrado dinero del Estado durante años y España se encontraba al borde del abismo, se retiró por la puerta trasera atribuyendo la deuda pública al gobierno de su antecesor y a la crisis económica mundial.
Pues bien, Gustavo Petro, con su atolondrada y poco clara propuesta de prohibir armas que ya están prohibidas; la polémica levantada dos días antes de la feria taurina de Bogotá sobre los toros, haciendo gala de ignorancia sobre el tema y el nombramiento de un gabinete en el que a privado la paridad de sexos antes que los conocimientos profesionales está haciendo aceleradamente méritos para reemplazar a Zapatero en su record mundial de ocurrencias. ¡Con la cantidad de asuntos prioritarios que hay en Bogotá para ocupar el tiempo de gobierno!
Y es una lástima porque si le va mal a Petro le va mal a todos los bogotanos y, de paso, quedará demostrado que el peligro de la izquierda en el poder no era el de amenazar la integridad física de sus conciudadanos sino el de dejar patente cuál era su máximo nivel de incompetencia.
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