No se entiende muy bien la denuncia que acaba de hacer en los medios de comunicación de Colombia una periodista (¿?????) a quien le fue implantado en el trasero una considerable dosis de polímeros que, con el tiempo, se desplazó –la dosis, no el trasero—hacia la espalda. Según cuenta la muchacha, la convenció un médico con el argumento de bajarse los pantalones en su consultorio, mostrándole el culo para que viese lo hermoso que era el suyo gracias a un mágico implante.
Lo normal en este caso habría sido salir del consultorio y formular una denuncia contra un profesional de la medicina que actúa de esa forma. Pues no, la periodista (¿??????) en cuestión quedó prendada del fundillo del galeno y –como se dice en España—culo veo, culo quiero. “Doctor –le habrá dicho--, yo quiero un culo como el suyo”, con las consecuencias ampliamente divulgadas por la prensa.
Pero, si no se entiende esa parte, se entiende aún menos que las periodistas en Colombia deban ponerse culo y tetas para comunicar por prensa, radio y, sobre todo, televisión. Esto de los implantes en general es una pandemia muy colombiana que traerá consecuencias dentro de unos años, porque aquí se ha puesto de moda regalar implantes como antaño se enviaban flores a las mujeres.
“¡Ay, como la niña cumple quince años regalémosle un par de tetas!”, suelen decir muchos orgullosos padres, sobre todo en Antioquia, en donde la cultura mafiosa ha impuesto esta costumbre.
Supimos también por las declaraciones de la periodista (¿??????) damnificada en su fundamento que, además, participaba en el concurso “Miss Cola Colombia 2011” y que fue la ganadora de este certamen. Caramba, en este caso si que está más que justificada la intervención de Ecopetrol para liberar, mediante el correspondiente dragado, a la mejor cola de Colombia de un sobrante de polímeros que podría contribuir a incrementar las cifras de la bonanza minera que hoy vive el país.
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