sábado, 7 de julio de 2012

Las revistas las prefieren brutas


Seguramente la profesión de periodista es la que cuenta con mayor número de intrusos.  Cualquier reina de belleza por menear el culo en una pasarela y exhibir un par de tetas operadas se cree con mérito suficiente para ser presentadora de noticiero de televisión o columnista de prensa. Es el caso de Alejandra Azcárate.  Del escándalo levantado a raíz de su ofensiva columna contra la gente obesa tiene una parte alícuota de culpa el grupo editorial de El Tiempo, propietario de la revista Aló, en donde se publicó el exabrupto.
Tiene también la culpa una sociedad como la colombiana que aúlla, chilla y babea con los concursos de belleza de donde salen estos engendros. La señora Azcárate va de irreverente,  provocadora y rebelde sin darse cuenta de que para eso hay que tener talento.  Alguien cercano a esta mujer con caridad cristiana, debería hacerle comprender que ella no es Borges ni Fernando Vallejo y que manejar la mordacidad y el humor es de las cosas difíciles que hay en literatura. Ella dice que lo suyo es ironía cuando no es más que materia fecal, que es lo único que parece que es capaz de producir su reducido cerebro de mosquito.
Pero es que, además, es tan bruta que se echa a todo mundo encima plagiando una revista norteamericana:

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